Descripción
Las olas que Madrid no tiene a veces te pueden barrer con su fuerza, entre silencios y ausencias, recuerdos y palabras nunca dichas (o repetidas demasiado). La infancia nos persigue como un eco, creando una coraza que nos proteja de sentir o haciéndonos aceptar algo que quizás no merecemos pero que nos hace sentir queridos. Somos la generación cobarde. Cantándole al amor sin saber qué es, si es que existe, ni dónde encontrarlo. Huyendo del sentir, porque ni siquiera sabemos identificarlo. Pero no sólo el amor romántico sino también el amor propio que a veces se nos esconde entre grietas de lo que fuimos, no supimos ser o nos obligaron a ser.
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